Esta es una de esas historias en las que al final te quedas con la boca casi abierta. El protagonista es el secretario general del PP de Toledo, Jesús Labrador.
Probablemente, los últimos días de su vida han sido, al menos públicamente, de un considerable ardor en defensa de la Academia de Infantería de Toledo. Porque hubo rumores en los que se llegó a lanzar, de forma interesada, sobre un posible desmantelamiento o al menos en una disminución del trabajo que se lleva a cabo en nuestra Academia.
Labrador y los suyos pusieron el grito en el cielo contra el alcalde de Toledo, Emiliano García-Page. Por parte de la cúpula militar se respondió que, todo lo contrario, se va a ampliar el número de alumnos, de
Esos días circuló por Toledo un panfleto en el que se aseguraba que el alcalde no defiende a la Academia y, entre tanto desgarrarse las vestiduras, descubrimos que el personaje castrense de la semana no hizo el servicio militar porque Labrador se declaró, en su día, objetor de conciencia.
lunes, 19 de julio de 2010
Jesús Labrador, la risión del PP Toledano
jueves, 8 de julio de 2010
lunes, 14 de junio de 2010
Por qué no a una convocatoria de huelga general.
En definitiva, y a falta de un análisis más profundo, esta reforma no es en absoluto es tan sangrante como para merecer una huelga general. Recordemos que la última vino provocada por un proyecto que no otorgaba ningún derecho adicional a los trabajadores, sino única y exclusivamente recortes, y en este caso sí se plantean algunas mejoras sustanciales.
martes, 18 de mayo de 2010
jueves, 6 de mayo de 2010
Se forraron el martes...
miércoles, 5 de mayo de 2010
Hay gente para todo

Este hombre babea con el número de parados como el avaro saliva con el número de monedas. Uno y otro, después de cenar, sacan la llave del baúl en el que esconden sus tesoros y ponen al día la contabilidad que tanto placer les proporciona. La diferencia entre Montoro y el avaro es que éste oculta sus posesiones y disimula su dicha, mientras que aquél las expone públicamente, sin cortarse un pelo. Baila, literalmente hablando, en las ruedas de prensa en las que puede dar malas noticias. Cada parado nuevo le provoca un orgasmo. También le excitan la caída del PIB o el aumento del déficit, seamos justos, pero lo que de verdad le pone hasta extremos difíciles de entender es el aumento de la cola frente a las oficinas del Inem. Observen a la persona que en el segundo plano, a la derecha de la fotografía, se retira sonriendo, como diciendo "este Montoro".
Este Montoro, que durante los años de prosperidad pasaba por un sujeto gris, un funcionario sin gracia, un contable del montón, se ha revelado en el infortunio colectivo como un humorista de primera. Parece que en su propio partido le han recomendado que reprima las manifestaciones de alegría cuando le toque dar malas noticias. Pero no puede, es más fuerte que él, y lo entendemos. Se puede ocultar un grano, una fortuna; se puede disimular una cojera, una gripe, un ardor de estómago, pero no hay forma de encubrir la dicha, que se manifiesta en la mirada, en el cutis, en el modo de andar y de cantar bajo la ducha. La crisis le ha quitado quince años de encima. Hay gente para todo.

